¡Verdosear

en tiempos de «coronavirus»!

 

Tras el trece de marzo (2020, para contextualizar cuando en un futuro tengamos hasta olvidado el año exacto en el que nos confinamos para no «…vivir peligrosamente») nos metimos en casa y, dado que Mamá tiene ya algún año por encima de los setenta, y que este virus no parece portarse muy bien con este sector de la población, decidimos hacer un confinamiento estricto (como lo habríamos hecho por coherencia y protección social pero ¡A lo bestia!). ¿Y que ha conllevado? Pues supongo que en realidad lo mismo que en otras muchas casas, una salida cada ocho días más o menos para hacer todas las compras necesarias y darle los cuidados básicos a nuestro querido y preciado showroom-tienda de Goya (esto es algo más específico…) mientras mamá se queda en casa.

Todas estas actividades nos llevan casi ocho horas de puro estrés, pendientes de la mascarilla, de como te la colocas, de como no la tocas para recolocarla, de como no te acercas más de un metro a nadie aunque su trayectoria y la tuya estuvieran predestinadas a la misma estantería donde se acumulan las compotas de manzana «eco», de como te desinfectas las manos cada vez que tocas un carro de la compra, una puerta, la puerta del coche… Todo menos las tres horas de cuidados en Verdosea escuchando a Caetano Veloso en una coreografía perfecta de riego por inmersión y pulverización a cuatro manos.

Regando en Verdosea

Tras tan estresante jornada, con el «runrun» de no estar seguro de si te desinfectaste bien la mano tras tocar el último carro de la última tienda en la que estuviste, tras lo cual recuerdas que te picó la nariz y te rascaste en una maniobra de «alto riesgo» -esperemos que mediara un poquito de amoniaco en disolución acuosa (¡que llevamos en nuestra pistola pulverizadora!) entre carrito y nariz…-, como decía, tras esta salida apoteósica de cada ocho días, vuelta al hogar.

Primero gritos a mamá para que permanezca en la segunda planta (digo gritos por que su gran «cruz» es la sordera que los audífonos ya no consiguen mejorar, por lo demás esta hecha un «figurín») mientras metemos todo a la planta baja. Introducimos la ropa en bolsas de basura desde donde irá directamente a la lavadora sin acercarse en su recorrido a más de dos metros de mamá (algún grito sobrenatural ha habido cuando hemos dejado la bolsa olvidada junto a la puerta y ella ha preguntado qué era aquello…), rociamos los zapatos de calle con disolución acuosa de amoniaco y bajamos a la planta menos uno a ducharnos (aquí está ubicado nuestro dormitorio y nuestro baño junto a lo que llamamos «jardín Zen», siguiendo las enseñanzas del gran Campo Baeza que ya en su casa de Blas habla de dormir bajo tierra y habitar encima) con mucho cuidado de no tocar nada, a pesar de habernos desinfectado las manos también con la misma disolución (tardaremos años en perder el olor a amoniaco). Una vez ¡desinfectados! toca desinfectar todo lo comprado, si, más de doscientos elementos individuales que vengan así, o junto con otros en sus respectivos paquetes, hay que desembalar y lavar con agua y jabón de forma individualizada (incluso los bricks de bebida de frutos secos…). Bueno, tras esto nos comemos las delicias preparadas por mamá, con las que sentimos que nos  recompensa por tamaña empresa y ,sin poder hacer más con la vida, a la cama.

 

Tras esta descripción está claro que los días «buenos» de este confinamiento son los otros. Los días en los que, de verdad, aprovechamos para hacer todas esas cosas que desde hace años llevamos retrasando «…para cuando haya tiempo», y os aseguro que son muchas y que se hacen con mucho placer. Aprovechamos para habitar nuestra casa (sabemos que somos afortunados por contar con sesenta metros por persona, a pesar de ser tres por la sabia decisión de traer a mamá para pasar juntos el confinamiento y poder cuidar de ella) y, como no podía ser de otra manera, para ocuparnos de los múltiples rincones verdes y «verdoseados» de nuestro hogar. Cuantos cuidados postergados que ahora agradecen las plantas dándonos su cara más exuberante. 

Tras esta catástrofe vendrá, o ya está aquí, la tan vociferada «gran debacle económica» pero hay algo extraño que producirá también un cambio, esta vez positivo, en mucha gente, a saber si tan trascendente como el del desastre de la economía. Este cambio tiene que ver con un poso interior, con los nuevos lazos establecidos en nuestros pequeños núcleos (en el que incluyo a nuestro Loro Claudio que no ha salido en la «historia» hasta ahora) tras tantas semanas de intimidad, con cada rincón de nuestras casas, redescubiertos una y otra vez a base de usarlos (lo que muchas veces a ocurrido por primera vez), con nuestro tocadiscos, que llevaba un siglo de sequía musical, con nosotros mismos, a quienes hacía muchísimo tiempo que no dedicábamos tanta atención, incluso con las ventanas, y ese romanticismo que, como dijo Kieślowski existe solo en el pequeño espacio ubicado dentro del objetivo de una cámara, entre el observador y lo observado, por que -y otra vez nos declaro afortunados- desde nuestra ventana se ve la maravillosa torre de Gil de Siloé de la Magistral de Alcalá, donde viven unas cuantas cigüeñas a las que ahora conocemos con «nombres y apellidos» y con las que también, a partir de ahora, tendremos una relación tan diferente a base de espiarlas. Seguro que ellas se habrán fijado también en nosotros.

*Bueno, tras este romántico relato, en este aparte, aprovecho para deciros que, si notáis alguna diferencia en la web de Verdosea es que, efectivamente, ha cambiado de arriba abajo. No en cosas que se noten ya que hemos intentado mantener su estética y estructura (que nos gustan mucho) pero si en cómo funciona y se estructura dentro del mundo de los ceros y los unos… y con respecto a su relación e indexado en Google. Esperemos que el tiempo dedicado a ello durante estos días merezca la pena, seguro que sí.

3 comentarios en “VERDOSEAR EN TIEMPOS DE CORONAVIRUS”

  1. Que bello relato ! Gracias por compartir con nosotros las ganancias que tuvieron de esta experiencia . Que el mundo aprenda de lo bonito que es tener plantas en casa y el beneficio de tenerlas cerca y cuidar de ellas ! Maravillosas fotos ! Hermoso hogar 🏠

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  2. Todo cambió y cambiará. Ya nada será igual . Y me parece muy acertado este concepto . Apreciar lo más pequeño y disfrutar al máximo lo más simple. Solo los visionarios ven oportunidades y se abren paso en medio de las dificultades

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